Padre Roberto Lebegue.

Quieres escuchar la cancion compuesta por Don Jorge Aguilar en Homenaje a este sacerdote

¿Quién no lo conoció en su paso durante estos últimos 12 años por Freirina y Huasco? ¿Quién no lo conoció en su anterior caminar de 7 años en las poblaciones Balmaceda y Arturo Prat de Copiapó?

Un hombre lleno de amor a Jesús y su evangelio, apasionado por la causa de los pobres, amante de la justicia y tan cariñoso con los enfermos y con los niños. Hombre de prolongada oración cada mañana, leyendo y releyendo el Evangelio de Jesús para orar y descubrir allí los llamados del señor.Hoy en la madrugada repentinamente, sin previo aviso, su amigo Jesús lo vino a buscar para invitarlo a la Casa de su Padre. El Padre Roberto nació en Francia hace 74 años, un día 12 de diciembre de 1924, hijo de una familia humilde.

Cuando joven quiso ser sacerdote pero tuvo que enrolarse como combatiente del ejército francés en la Segunda guerra Mundial, siendo allí también herido.

Estudió filosofía en Africa del Norte y, al término del conflicto bélico, ingresó al seminario para el estudio de la Teología, siendo ordenado sacerdote en junio de 1950 desempeñándose por algunos años como sacerdote obrero.

Durante 37 años -¡La mitad de su vida!- ha servido como misionero en América Latina. Siempre repetía que él había renunciado al matrimonio, pero “se había casado con el pueblo de América Latina” . La mayoría de esos años estuvo al servicio de la iglesia en la persona de sus hermanos pobres aquí en Chile.

Habiendo nacido en Francia, nuestro Gobierno le concedió también por gracia la nacionalidad chilena en 1967.

Durante algunos años (1973 – 1978) permaneció en el exilio, radicándose en Venezuela.

Hace 19 años llegó a Copiapó, iniciando la Parroquia “Jesús de Nazaret” en los “tiempos difíciles” de 1979.

Movido por su ardiente deseo de llevar la Buena Nueva de Jesús a los pobres y humildes inició la formación de las “pequeñas comunidades cristianas”. Ciertamente movido por Jesús, los pobres fueron su horizonte, y el servicio a ellos fue el motor que animó su vida. En ellos y en sus justas aspiraciones supo siempre reconocer la voz de Dios. Por eso inició el MOAC (Movimiento Obrero de Acción Católica) en Conchalí y después en Maipú.

Movido también por los problemas y el abandono de los niños y por su constante preocupación de que los “primeros apóstoles de los niños son ellos mismos” ayudó a la formación del MOANI (Movimiento Apostólicos de Niños y Adolescentes). Para ellos fue la “Aldea de los Niños” en Los Loros y años más tarde en Los Toyos, cerca de Huasco. Ciertamente creía que los niños debían llevar hasta Jesús a los otros niños.

Los pobres serán ahora sus jueces, y lo reconocerán como un buen amigo. Por eso Jesús le dirá: “Roberto amigo, entra a tomar parte en el Reino que te he preparado...”

Copiapó, noviembre 23 de 1998.


“Yo soy la Resurrección. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá.
El que vive por la fe en mí no morirá para siempre.” (Juan 11, 25 – 26)


“... Como Sacerdote traté de alimentarles con la palabra de Dios y los sacramentos de la Misa y el perdón. Les enseñé a amara a Jesús, a conocer las “Buenas Nuevas” del Evangelio, a amar a María Santísima. La Madre de nuestro pueblo. Traté de dejarme evangelizar por los pobres. Ellos son para mí una palabra de Dios, un camino de Dios, un camino de conversión...”

(P. Roberto)

<<<<Volver Inicio