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Un hombre lleno de amor a Jesús y su evangelio, apasionado
por la causa de los pobres, amante de la justicia y tan cariñoso
con los enfermos y con los niños. Hombre de prolongada oración
cada mañana, leyendo y releyendo el Evangelio de Jesús
para orar y descubrir allí los llamados del señor.Hoy
en la madrugada repentinamente, sin previo aviso, su amigo Jesús
lo vino a buscar para invitarlo a la Casa de su Padre. El Padre
Roberto nació en Francia hace 74 años, un día
12 de diciembre de 1924, hijo de una familia humilde.
Cuando
joven quiso ser sacerdote pero tuvo que enrolarse como combatiente
del ejército francés en la Segunda guerra Mundial,
siendo allí también herido.
Estudió filosofía en Africa del Norte y, al término
del conflicto bélico, ingresó al seminario para el
estudio de la Teología, siendo ordenado sacerdote en junio
de 1950 desempeñándose por algunos años como
sacerdote obrero.
Durante 37 años -¡La mitad de su vida!- ha servido
como misionero en América Latina. Siempre repetía
que él había renunciado al matrimonio, pero “se
había casado con el pueblo de América Latina”
. La mayoría de esos años estuvo al servicio de la
iglesia en la persona de sus hermanos pobres aquí en Chile.
Habiendo nacido en Francia, nuestro Gobierno le concedió
también por gracia la nacionalidad chilena en 1967.
Durante algunos años (1973 – 1978) permaneció
en el exilio, radicándose en Venezuela.
Hace 19 años llegó a Copiapó, iniciando la
Parroquia “Jesús de Nazaret” en los “tiempos
difíciles” de 1979.
Movido por su ardiente deseo de llevar la Buena Nueva de Jesús
a los pobres y humildes inició la formación de las
“pequeñas comunidades cristianas”. Ciertamente
movido por Jesús, los pobres fueron su horizonte, y el servicio
a ellos fue el motor que animó su vida. En ellos y en sus
justas aspiraciones supo siempre reconocer la voz de Dios. Por eso
inició el MOAC (Movimiento Obrero de Acción Católica)
en Conchalí y después en Maipú.
Movido también por los problemas y el abandono de los niños
y por su constante preocupación de que los “primeros
apóstoles de los niños son ellos mismos” ayudó
a la formación del MOANI (Movimiento Apostólicos de
Niños y Adolescentes). Para ellos fue la “Aldea de
los Niños” en Los Loros y años más tarde
en Los Toyos, cerca de Huasco. Ciertamente creía que los
niños debían llevar hasta Jesús a los otros
niños.
Los pobres serán ahora sus jueces, y lo reconocerán
como un buen amigo. Por eso Jesús le dirá: “Roberto
amigo, entra a tomar parte en el Reino que te he preparado...”
Copiapó,
noviembre 23 de 1998.
“Yo soy la Resurrección. El que cree en Mí,
aunque muera, vivirá.
El que vive por la fe en mí no morirá para siempre.”
(Juan 11, 25 – 26)
“... Como Sacerdote traté de alimentarles con la palabra
de Dios y los sacramentos de la Misa y el perdón. Les enseñé
a amara a Jesús, a conocer las “Buenas Nuevas”
del Evangelio, a amar a María Santísima. La Madre
de nuestro pueblo. Traté de dejarme evangelizar por los pobres.
Ellos son para mí una palabra de Dios, un camino de Dios,
un camino de conversión...”
(P. Roberto)
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